Ya hace casi una década que Marc Prensky acuñó el término "Nativos digitales" para referirse a las personas que han nacido en una sociedad inmersa en el mundo de las tecnologías de la información y la comunicación. Sin duda fue una idea que triunfó, de tal manera que incluso ahora, cuando alguien quiere presumir de estar al día en cuestiones de actualidad, introduce la expresión en su discurso, aunque sea de manera forzada. La idea de los nativos digitales adquiere toda su fuerza por contraposición al concepto de "Inmigrantes digitales". De hecho se trata de una argumentación que opone a los componentes de ambos grupos. Se tata de una separación basada en criterios de edad: Las generaciones más jóvenes están formadas por nativos digitales y las más mayores, por inmigrantes digitales. Lo que caracteriza a los nativos digitales es su dominio de las tecnologías y su uso habitual en la vida cotidiana. Mientras tanto, los inmigrantes digitales se sienten incómodos con las tecnologías, no las comprenden y temen que su uso no pueda acarrear más que peligros y desgracias. Sin embargo, lo inmigrantes digitales deben hacer un esfuerzo por aprender y actualizarse, ya que las tecnologías se imponen en el mundo actual, pero siempre las considerarán como un fenómeno ajeno a su cultura y dudarán de su eficacia.
Durante todos estos años, multitud de estudios se han centrado en esta confrontación y han basado sus descripciones y conclusiones en el componente generacional de la misma, hasta el extremo de afirmar que la diferente relación de cada uno de estos dos grupos con las tecnologías hadado lugar a formas diferentes de usarlas, tanto en los ámbitos educativos como en los domésticos o profesionales. Según estos estudios, los alumnos, generalmente nativos digitales, prefieren una forma de estudiar más intuitiva, visual, y multiarea (hacer varias cosas a la vez), mientras que los profesores, inmigrantes digitales, prefieren las lecciones magistrales, los razonamientos científicos y la concentración en un sólo tema. Hablar de nativos e inmigrantes digitales es muy sugerente, es una idea potente para generar reflexiones, pero , como casi todas las ideas impactantes, tiene algunas limitaciones. Varios autores han señalado que la edad no puede ser el único elemento que determina la relación con las tecnologías. De hecho, hay muchas personas mayores de cuarenta años que manejan las tecnologías con soltura, de forma creativa, las incorporan con naturalidad como herramientas de trabajo y son productoras de contenidos en la red en forma de páginas web, blogs, etc. Por otra parte, parece que la inmensa mayoría de las personas que por edad deberían comportarse como nativos digitales, no pasan de manejar con soltura el móvil a la hora de mandar mensajes de texto, utilizar cotidianamente la mensajería instantánea en el ordenador y tal vez mantener actualizado un fotoblog con sus amigos. Es decir, usan una mínima parte de las opciones que les ofrecen las tecnologías y se desentienden de todo aquello que no ven útil de forma inmediata. Por otra parte, hay una cuestión que no debemos olvidar: independientemente de que las personas jóvenes sean más hábiles con las tecnologías, son los adultos los responsables de supervisar y tutelar el uso que estas personas hacen de las máquinas en su vida cotidiana. Es decir, no nos sirve la idea de que el mundo adulto no tiene nada que hacer ante las habilidades de los menores. Los adultos tienen una responsabilidad a la que no pueden renunciar amparándose en la ignorancia, o en la imposibilidad de romper el status quo. Seguramente por esto ya hace tiempo que muchos autores prefieren otros términos para describir las relaciones con las tecnologías. Hay quien habla de colonos digitales, y otros muchos prefieren referirse a ciudadanos digitales. En los dos casos, la edad ya no es el elemento de diferenciación. Lo que caracteriza a las personas es la actitud y la intención con la que se acercan a las tecnologías: estamos hablando de colonizar un entorno en el que las tecnologías son importantes y de disponer de igualdad de oportunidades para beneficiarnos de las ventajas que éstas nos ofrecen. Estas nuevas visiones parecen, de momento, más democráticas, no son excluyentes, no marcan de antemano a nadie y dejan libertad de acción para que cada persona decida su grado de implicación con las máquinas y las pantallas. En un mundo de ciudadanos digitales, las personas adultas pueden ejercer su responsabilidad con respecto a los menores porque es su obligación y porque no renuncian de antemano a comprender el mundo de las tecnologías. Es esta la clave para que tenga sentido que nos sigamos planteando cómo establecer un diálogo entre generaciones para un uso seguro, creativo y eficiente de las tecnologías de la información y la comunicación. |
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