El País incluye en su edición digital un reportaje sobre los marginados de Internet. Es una reflexión sobre las nuevas brechas digitales elaborada a partir de algunas experiencias de alfabetización digital que se están llevando a cabo en un barrio de Washington. Allí se juntan personas mayores con dificultades para encontrar trabajo porque nunca han tenido acceso a un ordenador y jóvenes con dificultades académicas y sociales, familiarizados con mensajes de móvil, foros y chats, pero que son incapaces de utilizar las tecnologías parar elaborar un currículum o preparar un examen o una prueba de acceso a un empleo. En general, a estos centros acuden personas aquejadas de un mal que no entiende de tecnologías: la pobreza. El reportaje da la palabra a expertos que opinan sobre la importancia de tener acceso a la red: desde quienes lo consideran un asunto comercial, sujeto a las reglas de la oferta y la demanda, hasta quienes lo elevan a la categoría de derecho básico que garantiza la igualdad de oportunidades a todas las personas. En cualquier caso, la banda ancha permite acceder a multitud de recursos, y convertir la red en un servicio universal exige una fuerte inversión en infraestructuras y un importante esfuerzo de formación para que el uso de la red sea fructífero. Las personas mayores necesitan un proceso de alfabetización digital porque los ordenadores llegaron demasiado tarde a sus vidas, pero ahora disponen de tiempo y curiosidad para obtener satisfacciones de la red. Los jóvenes no lo saben todo sobre la red y las TIC. Pese a que tendemos a identificar nativos digitales con expertos en tecnologías, los jóvenes suelen dominar unas pocas destrezas que les permiten relacionarse con sus amigos y, una vez que las dominan, se acomodan a ellas y, en la mayoría de los casos, no profundizan más. Las diferencias existían antes de Internet y la red puede multiplicarlas o combatirlas. Para quienes sólo ven negocio y lucro, acercar el cable a núcleos rurales o urbanos empobrecidos no es más que un bienintencionado despilfarro. Para quienes creen que entre los servicios básicos a los que tiene derecho cualquier persona está el acceso a la información y la comunicación, la implantación generalizada de la banda ancha debe ser una exigencia democrática. Y no olvidemos que el disfrute de la información y la comunicación exige una formación básica que también debería ser un derecho universal.
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